Durante más de una década, las baterías de estado sólido han sido el equivalente tecnológico del coche volador: siempre a cinco años de distancia, siempre a punto de cambiarlo todo, y siempre con alguna razón convincente para explicar por qué aún no han llegado. El anuncio de Donut Lab en el CES 2026, presentando una batería de estado sólido supuestamente lista para producción, ha despertado un entusiasmo inmediato… y también, como ocurre siempre en estos casos, una ola de escepticismo que conviene analizar con cuidado, sin caer ni en el hype acrítico ni en el cinismo automático.
El contexto es importante: hasta ahora, la narrativa del sector automovilístico ha sido una sucesión de noticias de investigación, pilotos y promesas de producción en 2026–2030, con ...